Natalia Avila - Paola Ruiz
Recientemente escuchábamos esta frase en relación al proceso de reparto de Europa del Este, algunas colonias en África y Oriente medio tras la Primera Guerra Mundial; diferenciando claramente dos sectores, el de aquellos que son “repartidos” y el de aquellos que se sientan a la mesa con jurisdicción de adjudicar, dividir o juntar zonas geográficas, formas de gobierno y poblaciones enteras, tal cual Chruchill Stalin y Roosevelt garabatearon una noche la división de Europa en la II Guerra Mundial: “Rumania 90% Rusia 10% EE.UU y Gran Bretaña; Grecia 90% EE.UU y Gran Bretaña 10% Rusia; Yugoslavia y Hungría 50% y 50%; Bulgaria 75% Rusia”, pese a lo caricaturesca que pueda resultar esta escena, no dista mucho del modus operandi de los actuales ejes de poder económico político y militar; donde los medíos sofistican, las alianzas se transforman y las intenciones se encubren pero en el fondo las formulas del pasado tienden a repetirse.
En el actual juego estratégico de la geopolítica, los ejes (Europa, América del Norte, Japón, el emergente BRIC - Brasil, Rusia, India, China), replican los cálculos económicos y políticos de otras épocas, presentándolos bajo nuevas figuras que van desde la posibilidad de intervenir y ocupar países sometidos bajo la bandera de “Lucha contra el terrorismo”, “Defensa de la democracia” “liberación (léase invasión o en su defecto protectorado)”, pasando por el uso beneficioso por parte de multinacionales de las políticas de privatización de diversos organismos internaciones y evidentemente parcializados de control económico, la compra de extensiones de tierra alarmantes con fines de “investigación científica” , La firma de convenios (poco convenientes para algunos) en los sectores del petróleo, carbón, gas, hierro, acero y construcción de vías y puertos como es el caso de las relaciones de China con América Latina y Oriente Medio, estableciendo acuerdos de impacto no solo económico sino también simbólico en tanto ha venido siendo asimilada con nostalgia por algunos y con preocupación por otros como una especie de nueva unión soviética; hasta la prolongación en el tiempo de relaciones desiguales como las de Francia y los regimenes reaccionarios en África, Rusia y Chechenia, China y el Tibet, Alemania en la antigua Yugoslavia, entre otros, dando cuenta de este “pasado en presente”.
Acudimos a la imagen “desmembrada” del mapa impuesto desde hace siglos, que circunscribe a los individuos dentro de un juego de poderes políticos y económicos, imagen puesta en relación con un objeto y con el uso del lenguaje coloquial alrededor de ese objeto, en expresiones como “Repartirse la torta” clara referencia al juego de intereses a nivel macro o micro, o como “amasar una fortuna/capital”, parte del proceso de preparación / disposición calculado, metódico, y elaborado de una torta para dar como resultado una presentación suculenta, objeto de deseo; es ahí donde a través de una serie de imágenes reflexionamos acerca de ese proceso de repartición / ingestión/ absorción de ese objeto de deseo y por ende de la posibilidad de sentarse alrededor de la mesa pasando a ser parte del menú.
Recientemente escuchábamos esta frase en relación al proceso de reparto de Europa del Este, algunas colonias en África y Oriente medio tras la Primera Guerra Mundial; diferenciando claramente dos sectores, el de aquellos que son “repartidos” y el de aquellos que se sientan a la mesa con jurisdicción de adjudicar, dividir o juntar zonas geográficas, formas de gobierno y poblaciones enteras, tal cual Chruchill Stalin y Roosevelt garabatearon una noche la división de Europa en la II Guerra Mundial: “Rumania 90% Rusia 10% EE.UU y Gran Bretaña; Grecia 90% EE.UU y Gran Bretaña 10% Rusia; Yugoslavia y Hungría 50% y 50%; Bulgaria 75% Rusia”, pese a lo caricaturesca que pueda resultar esta escena, no dista mucho del modus operandi de los actuales ejes de poder económico político y militar; donde los medíos sofistican, las alianzas se transforman y las intenciones se encubren pero en el fondo las formulas del pasado tienden a repetirse.
En el actual juego estratégico de la geopolítica, los ejes (Europa, América del Norte, Japón, el emergente BRIC - Brasil, Rusia, India, China), replican los cálculos económicos y políticos de otras épocas, presentándolos bajo nuevas figuras que van desde la posibilidad de intervenir y ocupar países sometidos bajo la bandera de “Lucha contra el terrorismo”, “Defensa de la democracia” “liberación (léase invasión o en su defecto protectorado)”, pasando por el uso beneficioso por parte de multinacionales de las políticas de privatización de diversos organismos internaciones y evidentemente parcializados de control económico, la compra de extensiones de tierra alarmantes con fines de “investigación científica” , La firma de convenios (poco convenientes para algunos) en los sectores del petróleo, carbón, gas, hierro, acero y construcción de vías y puertos como es el caso de las relaciones de China con América Latina y Oriente Medio, estableciendo acuerdos de impacto no solo económico sino también simbólico en tanto ha venido siendo asimilada con nostalgia por algunos y con preocupación por otros como una especie de nueva unión soviética; hasta la prolongación en el tiempo de relaciones desiguales como las de Francia y los regimenes reaccionarios en África, Rusia y Chechenia, China y el Tibet, Alemania en la antigua Yugoslavia, entre otros, dando cuenta de este “pasado en presente”.
Acudimos a la imagen “desmembrada” del mapa impuesto desde hace siglos, que circunscribe a los individuos dentro de un juego de poderes políticos y económicos, imagen puesta en relación con un objeto y con el uso del lenguaje coloquial alrededor de ese objeto, en expresiones como “Repartirse la torta” clara referencia al juego de intereses a nivel macro o micro, o como “amasar una fortuna/capital”, parte del proceso de preparación / disposición calculado, metódico, y elaborado de una torta para dar como resultado una presentación suculenta, objeto de deseo; es ahí donde a través de una serie de imágenes reflexionamos acerca de ese proceso de repartición / ingestión/ absorción de ese objeto de deseo y por ende de la posibilidad de sentarse alrededor de la mesa pasando a ser parte del menú.



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