LA MIRADA DEL COLECCIONISTA: COLECCIÓN DE JUGUETES BARTOPLÁS DE JUAN CARLOS ACEVEDO DE FIGUEROA Y VILLARREAL - 2007

Participacion en la investigación – curaduría y elaboración de uno de los textos de la exposición, El Bodegón (arte contemporáneo - vida social)

HISTORIAS DE JUGUETE Y MENTIRA

Que los asuntos del corazón necesitan de la mentira, es parcialmente cierto. En el caso de los juguetes, estos suelen entenderse como asuntos (objetos) cercanos al corazón, a los recuerdos de la infancia y por ende cargados de "sentimientos buenos e inocentes". Sin embargo, esto no resulta tan cierto en todos los casos; debo confesar que el recuerdo más significativo que tengo de un juguete no se remonta a mi lejana infancia, sino al 2002 o 2003 cuando en un noticiero pasaron una nota en la cual Enrique Peñalosa le entregaba un muñeco "Angelino" de la Fabrica Nacional de Muñecos a Angelino Garzón para que "no llorara más" tal cual fue registrado folclóricamente por los medios; nunca logré tener acceso a esa nota de nuevo ni a registros de prensa a ese respecto, pero bien quedó grabada en mi memoria.

Por aquel entonces los juguetes andaban por su lado y yo por el mío, hasta hace un par de meses, cuando el afortunado encuentro con la colección de muñecos Bartoplás de Juan Carlos Acevedo de Figueroa y Villareal, y las visitas esporádicas a fabricantes, coleccionistas, piezas y documentos de juguetes de fabricación nacional producidos y comercializados entre los 50 y los 90, nos juntaron sin un motivo aparente.

Siguiendo el rastro del señor Humberto Bartolini Arias, nieto o bisnieto quizás del fundador de Bartoplás en 1929, quien aparecía en una página de Internet, terminé encontrándome con fantásticos personajes de cuentos infantiles. Hadas madrinas o "caritativas" ex primeras damas que le abrieron las puertas de este falso castillo a compañías extranjeras con el pretexto de hacer donaciones a niños pobres pero evidentemente con intenciones "non sanctas". Gepettos se que sumían en la incertidumbre en medio de políticas económicas poco favorables para la industria nacional; Pinochos del sector oficial que luego de mantener una poco sana posición paternalista pasaban drásticamente a una liberación de importaciones y que mentían frente al apoyo que supuestamente daba el gobierno a la industria del juguete. Grimaldos Grillos que denunciaban desde la academia o desde las asociaciones industriales la crisis del sector y que, evidentemente, no fueron escuchados. En resumidas cuentas nos embutieron un tomo más de los magicuentos que históricamente le han contado (y aún le cuentan) al país, reproduciendo a pies juntillas la lógica de las historias para niños (¿o es al contrario?)

Finalmente me permito parafrasear o, mejor, paratitular a Marshall Berman, afirmando que esta exhibición, venta de juguetes, colección de catálogos, recortes de periódicos y fotos, no es solo una muestra de que todo lo sólido (tan sólido como el crecimiento permanente de la Industria Colombiana) se desvanece en el aire, sino un intento de que lo ocurrido hace un par de décadas en un sector particular de la historia económica del país, y los juguetes que sobreviven como testigos, no se desvanezcan en la memoria.



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